jueves, 9 de marzo de 2017

Práctica 1. Autoconocimiento e identificación de emociones



Comenzamos las clases de Habilidades de Comunicación, destacando cada uno de nosotros la inteligencia con la que más identificados nos sentíamos. Cada una de nosotras tenemos en común muchos aspectos, pero todavía son más grandes las diferencias que hay entre nosotras, que en muchas ocasiones por difícil que parezca nos unen. Somos tres estudiantes de segundo curso de Trabajo Social con la capacidad de desarrollar inteligencia interpersonal por encima de otras inteligencias, que no hemos desarrollado tanto. Aunque trabajamos en grupos distintos, las tres pudimos disfrutar juntas de la práctica preparada por el grupo de inteligencia musical. 

Vemos necesario mencionar el matiz de disfrutar, puesto que esta práctica fue una forma de expresarnos de firma distinta y anónima lo que nos animó a compartir con el resto de una forma más sencilla. Hemos comprendido la importancia de respetar aquellas opiniones que no quieren ser compartidas y de valorar a aquellos que abiertamente deciden compartirlas por necesidad o como forma de autocomprenderse.

Al entrar observamos como en el aula las sillas estaban dispuestas de forma que todos podíamos vernos entre nosotros, para que manteniendo el anonimato de cada uno pudiésemos ver la expresión facial del resto de compañeros. Nos explicaron como debíamos vincular la música a un acontecimiento que nos hubiese causado tristeza, rabia o miedo. Para ello la música actuaría como factor que facilita la expresión del sentimiento con el que los organizadores pretendían que lo relacionásemos.

En primer lugar cada uno escribimos a cerca de las situaciones que nos provocaban cada una de las tres emociones, a la vez que escuchábamos la canción escogida por los organizadores de la actividad. Al tratarse de un ejercicio anónimo, mezclamos en un sobre el papel en el que cada uno habíamos expresado la situación en la que había vivido esas emociones. Posteriormente, cada compañero de clase escogió al azar un papel correspondiente a cualquier otra persona. En el momento en que cada uno teníamos un papel, leíamos para el resto de la clase para poder poner en común las situaciones y ver como todos no somos tan diferentes como aparentamos.

En el caso de la tristeza podemos observar como la mayoría coincidíamos en situaciones en las que estaban involucrados miembros de nuestra familia, generalmente nuestros padres. El profesor entonces nos planteó una tarea, consistente en expresar no solo mediante palabras sino mediante expresiones corporales o escritas nuestro afecto hacia la familia. Con esto queremos resaltar como muchas veces nos negamos a expresar lo que sentimos hacia  nuestra familia, por el simple hecho de que pensamos que ellos ya los saben y no necesitan que se lo recordemos.






En el caso de la rabia no había una respuesta general, pero casi todos nos dirigíamos en torno a dos vertientes. En primer lugar nos referíamos a la ruptura del mito de “Todo esfuerzo tiene su recompensa”. Concretando hablábamos del ámbito académico y como en muchas ocasiones el esfuerzo no puede superar los objetivos que nos hemos propuesto. Desde otro punto de vista, podemos ver como otras personas entendían la rabia como el sentimiento que se genera cuando no recibimos de los demás lo que esperamos o cuando no hay reciprocidad. Este sentimiento iba más vinculado a los problemas de amistad, en los que el fallo de un amigo era visto como una decepción que rompe esa barrera que cada uno tenemos de invulnerabilidad.






Por último en lo referente al miedo, ocurría algo similar a la rabia pero eran muy diversas las vertientes. En primer lugar nos llamó la atención que gran parte de las chicas mencionó como su mayor miedo, era el tener que volver sola a casa y hacer esperar al taxista en la puerta para entrar. Creemos que este miedo ha sido creado por la sociedad, es decir, los acontecimientos que ocurren a diario y los micromachismos que nos rodean, hacen que ese miedo comience a ser una necesidad. En segundo lugar destacamos como muchos de nosotros, teníamos miedo a fracasar concretamente a decepcionar a nuestros padres. Creemos que deberíamos a tener  más miedo a decepcionarnos a nosotros mismos, puesto que somos nosotros quienes creamos nuestras expectativas y conocemos nuestras posibilidades y limitaciones. Por último muchos de nosotros mencionamos el miedo a la soledad, a perder a un ser querido o a no mantener la compañía que tenemos ahora. Son miedos concretos, es decir, miedos a los que estamos expuestos y que generan en nosotros una sensación de ansiedad.







Como conclusión debemos reconocer que nosotras no hubiésemos escogido esa música. De todos modos, consideramos que fue una actividad dinámica, que nos ayudó a expresar nuestros sentimientos y que pudimos interaccionar entre nosotros de una forma más cercana a la clase general. Vimos como a pesar de que no nos conocemos, la edad, la elección de la carrera y la similitud de pensamiento, nos hace ver la vida de una forma muy parecida, que oculta nuestras diferencias y muestra nuestras semejanzas.


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